CHISMES EN LA COCINA
- Kiki Suarez
- hace 1 hora
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Una de nuestras primeras especialidades en el restaurant fue pechuga en salsa de cacahuate. Había un señor en la ciudad que venia regularmente solo para disfrutar de este platillo. En cada ocasión que nos cruzábamos , se cercioraba de alabarme con las palabras mas bonitas de que esta comida había sido deliciosa una vez mas y que nunca se cansaría de ella.
“ Francamente admiro como siempre mantiene, usted, la misma calidad, “ lo repetía con mucha admiración.
Pero una noche, este cliente dejó una nota con nuestro cajero. Escribió que la salsa de cacahuate había sido absolutamente terrible ese dia.
Después de leer este recado, mi esposo y yo nos fuimos corriendo a la cocina para averiguar lo que había pasado. Nuestra cocinera principal, ahora Doña Mati, vigilaba una enorme olla con una cuchara de madera en su mano, agitando sus secretos contenidos.
“ Uno de nuestros mejores clientes pasa cada semana por su pollo en salsa de cacahuate. Pero hoy dijo que sabía terrible que ni siquiera pudo terminarlo!” dijo mi esposo furiosamente.
Doña Mati dejo caer la cuchara en la olla y volteó. En lugar de vernos a los ojos, empero, se mordió el labio. Por fin, “ contestó bruscamente!” Yo no lo hice! El cocinero de la mañana echo a perder esa salsa!”
El incidente seguía quemando por dentro a mi esposo. Ya habíamos logrado, finalmente, establecer una buena fama para nuestro restaurante y empezar a sacarle ganancias. Y ahora nuestra propia cocinera estaba arruinando nuestro buen nombre!
Al siguiente dia nos aseguramos de estar en la cocina cuando se hicieran los cambios de turno de la mañana y la tarde. El chef de la mañana era Doña Trini. La confrontamos con Doña Trini por lo del fiasco de la salsa. Al principio ambas mujeres clavaron la mirada tercamente a los azulejos del piso. Pensé que sus caras eran mas que rojas.
Finalmente Doña Trini miró a mi esposo y exclamó, “ le pregunté a Doña Mati si ayer la salsa de cacahuate estaba bien, “ dijo que si”. Es por eso que no preparé otro tanto nuevo.
Mi esposo buscó la cara de Doña Mati, con la mirada enojada, hasta que ella irrumpió en llanto.
“Doña Trini le cuenta a todo mi barrio que no soy una buena cocinera,” sollozó.
Al escuchar esto, los ojos de Doña Trini brillaron como si fueran ojos de guerrera. “ y usted Doña Mati. Mas le vale que deje de mirar a mi esposo en la forma en que lo hace!
Tal vez se concentrara mas en su cocina!” le gritó.
“Ese viejo borracho como esposo,” Exclamó Doña Mati en seguida. “¿ Como se puede imaginar que yo pueda coquetear con alguien así? “Que ya tengo uno como ese en mi casa!”
Esta vez, las dos mujeres estaban llorando. Mi esposo las sacó de la cocina, lejos de los ojos y orejas expectantes del resto del personal de la cocina.
Ya mas tranquilo.
“ No sé, dijo él, “ quien coquetea con el esposo de quien. Pero las dos son muy buenas cocineras, de otra manera no las tendría trabajando aquí. Asi que dejen de andar chismeando y lanzando acusaciones o alguien mas que trabaje en la cocina pagara los platos rotos y, como ya vimos, nuestros clientes también!”
No sabia si Doña Mati en realidad había coqueteado con el esposo de Doña Trini. ¿Si asi lo había hecho, quien sabe si lo dejaría de hacer ahora? Supimos de otros , empero, que Doña Trini siguió diciéndole a medio mundo del barrio que Doña Mati era una muy mala cocinera, y que ella, Doña Trini, era la favorita de Don Gabriel, mi esposo.
Un buen dia, Doña Mati rompió en llanto nuevamente. Se sacó el delantal, se aproximó a mi esposo y le dijo sollozando. “Don Gabriel, muchas gracias, pero no puedo seguir trabajando aquí. Doña Trini sigue hablando pestes de mí por mi barrio. ¡ ya no lo puedo aguantar!”
Mi esposo trató de hacer cambiar de idea a Doña Mati. Era una muy buena cocinera. No queríamos perderla, pero no cambiaría de parecer.
Contratamos a un nuevo cocinero para la tarde. Dos meses después el nuevo cocinero terminò en un altercado similar con Doña Trini. Nos dimos cuenta que tambien vivía en el mismo barrrio que Doña Trini. Asi que mejor tuvimos que liquidar a Doña Trini y dejarla que se fuera.
Desde entonces, vemos que nuestros cocineros no vivan en el mismo barrio.
El cliente que le encantaba el pollo en salsa de cacahuate no regreso por un buen tiempo. Asi que un día tuvimos que eliminarlo del menú.
Este es un capítulo de mi libro EL VIAJE A SAN CRISTÓBAL, editado por Editora Laia en Buenos Aires, Argentina, una editora sin fines de lucro. Si te interesa, escríbeme a mi WhatsApp: 52 967 679 1005 y con gusto te mando el pdf sin costo alguno :) :) :)




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