top of page
Buscar

DE REPENTE TODO CAMBIO

  • Foto del escritor: Kiki Suarez
    Kiki Suarez
  • hace 1 hora
  • 7 Min. de lectura

Y DE REPENTE TODO CAMBIÓ - Tenía nueve años- Estuve con mi mamá y mi tía en el dormitorio de mis padres, mi mamá desnuda, y escuché a mi tía comentarle a mi mamá: ¡Qué bellos senos tienes! Al escuchar este comentario mi mamá se sonreía con mucho gusto y contestó: ¡Si, y mi esposo está muy orgulloso de ellas! En este momento adentro de mi mente algo se aclaró en un dos por tres, una voz gritó: ¡NUNCA QUIERO QUE UN HOMBRE ME QUIERA POR MIS SENOS!


Unos años después sufrí hasta la ideación de suicidio, porque a todas mis amigas y compañeras les crecieron los senos, menos a mí. Yo parecía ser la muchacha más rara de todo el mundo, yo no valía como mujer para un hombre. Usaba un sostén rellenado de hule espuma. El primer novio con quien tenía sexo me quitó este mismo maldito sostén. No le importó el tamaño de mis seños, tiró el sostén rellenado por la ventana de un alto piso del edificio en el que vivía y exclamó: ¡Nunca jamás pretendas ser alguien que no eres! Y de repente todo cambió. El primer día que caminé sin el sostén por las calles de mi ciudad me sentía desnuda, imaginaba que toda la gente solo miraba mi falta de senos, pero en realidad casi nadie me miraba: cada un@s caminaba envuelt@ en sus propias preocupaciones…. y poco a poco aprendí a quererme más como la rara mujer que soy.


Ocho años después sólo vine a México porque un hombre había roto a mi corazón. Fui a visitar las momias en Guanajuato y al mirarlas entendí más claramente que nunca antes que tod@s tarde o temprano acabaríamos así. En la noche siguiente caí en toda una depresión con terribles pesadillas y lágrimas al despertar. Cuando finalmente dormí de nuevo en mi sueño me apareció un maestro espiritual a quién estaba siguiendo en este momento de mi vida y me aconsejó: ¡No llores porque alguien no te ama, alégrate porque TÚ si sabes amar! Con esto de repente todo cambió: me desperté y por primera vez en años me sentí libre del constante anhelo y la terrible angustia de encontrar un mi príncipe azul. Por primera vez me pude imaginar una vida buena conmigo sola, mi alma se extendió en un espacio enorme de posibilidades a mi alrededor. Ya no necesitaba que un hombre me amara y es exactamente cuándo – pocas semanas después – encontré a mi esposo. Bailamos junt@s en una discoteca y de repente todo cambió y mi vida alemana se acabó para siempre y mi vida mexicana nació. Eso pasó una noche lluviosa de septiembre hace casi 44 años.


22 años después estaba un domingo bordando un cuadro como acostumbraba. Mientras que bordaba, me acuerdo que estaba un poco aburrida, pensaba en una amiga que me había rechazado, rumeaba sobre diferentes otras frustraciones de la vida diaria, sonó el teléfono y de repente todo cambió: mi hijo más joven había caído de un techo, estaba inconsciente, sangre salía de sus oídos…Todas las frustraciones anteriores se esfumaron en menos de un segundo. Solo había una cosa importante:¡que mi hijo viviera! Vinieron semanas desgarradoras de lucha, desesperación, rezos y lágrimas hasta que mi hijo despertó del coma para encontrarse nuevamente con la vida. Desde entonces no solo pienso, pero sé en cada célula de mi cuerpo que nuestras vidas se pueden caer en cualquier momento….


17 años después volé por última vez a Alemania – yo ya bastante débil visual – para enterrar las cenizas de mi madre. Nuestra relación había sido difícil por largos años de mi vida. Sentía que no me amaba bien, no me aceptaba tan rara que soy, … Después de la ceremonia, en casa de mi hermana, encontré cartas de mis padres, una de mi madre a mi padre – que viajaba mucho – cuando yo había cumplido 6 años. La carta estaba tan llena y plena de su orgullo de mí, su amor por mí que empecé a temblar y romper en lágrimas. Y de repente todo cambió, toda mi historia sobre la supuestamente pobre de mí y mala de mi madre…. mi historia cambió, en vez de perdonar a ella ahora trabajo en perdonarme a mí…. Menos mal que por los últimos años de nuestra vida nuestra relación ya había mejorado mucho.


Al fin me di cuenta - y no cambió tan de repente – que no soy tan pobre de mí, tan inocente y buena y tampoco tan rara que por mucho tiempo había creído.


Más que lo contemplo, más momentos cruciales de mi vida en los cuales todo de repente cambió, me vienen a la mente....


Tenía 13 años, me acuerdo, un poco antes o después de mi primera menstruación, estábamos con mi familia en el elegante Pabellón en el centro de Hamburgo donde el rio de repente se abre en un gran y bello lago. Allí íbamos a comer muy rico. Tenía un vestido veranal puesto, tal vez estrenando, que mi Omi - que era una gran sastre - me había cosido. Me sentí joven, y suficientemente bella, creo, este día. De repente tuve que ir al baño. Mi mamá me acompaño. En el baño me agarraron cólicos y un pánico subió desde mis entrañas a cada una de mis neuronas cerebrales como nunca antes lo había sentido. De veras todo cambió en un segundo: de un domingo bello y tranquilo de verano - soleado - me encontré catapultada a algo que parecía como el centro del infierno, Temía explotar. Temía desmayarme. Lloré. Mi mamá me trataba de tranquilizar, me decía; ¡Yo conozco eso bien, Kiki, va a pasar! Pero no pasaba. No pude comer nada. Temblaba. Tragaba lágrimas ¡No quería vivir en un mundo así! Tendría que suicidarme.


Fue mi primer ataque de pánico acompañada de la nube de la depresión. Tardé semanas para salir a la superficie de lo que conocía desde antes como la vida diaria y normal. No tenía nombre para este estado. Solo sabía que yo era rara, yo sentía lo que ninguna de mis amigas sentía nunca y en mi familia solo mi madre. Pero mi madre - eso sabíamos todos - estaba algo chiflada.


Veintitantos años después - ya como pintora, esposa y madre viviendo en México - esa misma desesperación me tomó en sus garras nuevamente. Fue después de haber trascrito testimonios de sobrevivientes de masacres en aldeas guatemaltecas y una hepatitis. Llegué a no dormir por dos semanas. Solo leía a Sylvia Plath. Ella describía lo que yo pasaba. Ningún otro ser humano podía comprenderme. En un momento llegué a desesperarme a tal grado que dije a mi esposo: ¡O me llevas con un psiquiatra o me mato! Me llevó al único psiquiatra que en este entonces había en todo el estado. Era un hombre ya grande con pelo blanco largo, un buen hombre. Me miró y me diagnosticó: ¡Tu sufres Depresiones! ¡Y de repente todo cambió! ¡Yo era una ´psicóloga clínica, pero nunca jamás había cruzado mi mente que la locura que de repente me ahogaba podría tener el nombre de Depresión! El diagnostico vino como un shock y una liberación. Después de un tiempo de búsqueda encontramos un mágico y milagroso polvito blanco, Nortriptilina, que estaba hecho para mí - y de repente todo cambió- ¡un polvito blanco dentro de una capsula de gelatina podía regresarme a mí misma! Me salvó la vida. Me regresó de una nueva manera a ser psicoterapeuta, madre, esposa y mujer: más compasiva, más humilde y más agradecida…


Casi veinte años después desayunábamos mi esposo y yo en la Terrassa de nuestro restaurante en el centro de San Cristóbal cuando él de repente me comentó: ¡Yo quisiera irme un año a África para viajar y tomar fotos, pero tú no quieres dejar a tus pacientes! Paré unos segundos en masticar mis chilaquiles para contemplar a su anuncio y en un dos por tres oí como le contesté: ¡Yo, sí, me tomaría un año sabático contigo en África! Y de repente todo cambió. Pasamos todo el año de 2007 en Namibia en el cono sur de África, Vivimos en Swakopmund, viajamos a Sudáfrica Tanzania y Botsuana, aprendí lo que pude de la fotografía, porque mi esposo es un erudito en eso de la foto. Observé a la famosa Vida Salvaje – jirafas, elefantes, leones y todo el resto – aprendí que de allí venimos l@s human@s. nuestros miedos surgen desde entonces, de nuestra lucha por sobrevivir. Aprendí que si: la vida salvaje es bella - vista desde un jeep con un guía - pero en un segundo puede volverse de lo más cruel si bajas del jeep o algo le pasa a tu guía. La belleza y crueldad de un guepardo cazando a un antílope, un bebé elefante devorado por leones…. Comprendí que mis ataques de pánico surgen de cuando células mías eran cebras y si no huían en pánico de un ojo de agua con cada sonido extraño – casi siempre falsas alarmas – no hubieran sobrevivido el tiempo que vivieron. Había habido un tiempo cuando ataques de pánico – cuando yo había sido cebra – me habían salvado la vida.


Unos meses después de regresar de Namibia quise jugar Parchís con mis nietas. De repente observé que veía el dado, luego ya no lo veía para después poder verlo de nuevo. Me agarró el pánico más enorme jamás. Esta vez no parecía ninguna falsa alarma. ¡Tengo un tumor en el cerebro! ¡Moriré! Caminaba de un lado de La Galería al otro para ver si me tranquilizaba lo suficiente para sobrevivir las semanas para un diagnóstico. No era un tumor. Era una enfermedad hereditaria de mis retinas Retinitis Pigmentosa. No me iba a matar, solo estaba muriendo mi vista. ¡Quiero morir! Pensé. ¡Soy pintora! Pero no quise morir. Ya no tomaba Nortriptilina – la tomé por 18 años. ¿Igual ahora la necesitaba nuevamente? No la necesité. De repente todo cambió. Comprendí porque desde niña siempre había huido del sol, me había caído tanto, me había siempre sentido algo perdida en el mundo, chocado con señales de tráfico, tal vez hasta los ataques de pánico y las depresiones….Mi actitud con la vida cambio: la vista se iba y tenía que hacer todo lo que quería hacer AHORA: grupos de autoayuda, filosofía, lectura, conferencias sobre temas diferentes, pintar, escribir, pensar, compartir; AHORA era el único tiempo, ya, HOY, Y de repente también cambió toda mi actitud conmigo misma: en vez de juzgarme como torpe, rara, loca, incapaz, empecé a darme crédito por haber podido llevar una vida tan colorida, llena y plena con todo una creciente discapacidad de la cual no había sabido nada….


Foto: Kiki con 34 años en mis tiempos de exito artistico en los Ee.Uu. , Foto: Larry LaBonte


Kikimundo Kiki Suárez

 
 
 

Comentarios


bottom of page