top of page
Buscar

TOD@S PODEMOS SER SEMILLAS

  • Foto del escritor: Kiki Suarez
    Kiki Suarez
  • hace 2 horas
  • 5 Min. de lectura

EL ÁRBOL DE CAPULÍN

Una mujer llamada Alejandra está en el grupo de Escritura, aunque nunca se ha conectado, pero hace unos días nos escribió en el chat del grupo Escribir mi Alma. Ella me hizo recordar algo de hace muchos años, cuando empecé a vivir en el terreno donde vivo ahora. Allí había un gran y hermoso árbol de capulín. Alejandra, que entonces era una niña vecina, venía a cosechar algunos de sus frutos y se imaginaba mi vida.

Hoy ya no puedo ir hasta donde estaba ese árbol, no está tan grande mi Tere no pero yo estoy casi ciega y ya no me oriento ahí entre los árboles. Ni siquiera sé si todavía existe. Probablemente murió de viejo ya.

Entonces ahora empezamos en el grupo a hablar de los árboles de capulín. Las cerezas no se dan mucho en México porque necesitan heladas, pero el capulín sí crece aquí. Es, digamos, nuestra cereza mexicana….

Hoy en la meditación no llegó nadie. Y en ese silencio mis pensamientos me llevaron a una fantasía con nuestro querido grupo de escritura con el que comulgamos cada viernes desde hace tantos años.

En mi imaginación decidimos plantar un nuevo árbol de capulín en mi terreno. Hay lugar. Alfredo, que es ingeniero, empezó a buscar mapas para ver dónde hay más agua, para que la semilla que plantáramos pudiera crecer bien. Verónica escaneó textos sagrados en hebreo que, según ella, ayudan a un árbol a crecer. Además rezó a la Virgen de Desatanudos para quitar cualquier obstáculo para la semilla que íbamos a plantar, para que pudiera crecer un árbol precioso, como el que hubo una vez cerca. Ene exclamó:

—¡Ay, qué bellos son los árboles! Este árbol nos va a alegrar cada vez que se nos quiten las ganas de levantarnos de la cama en la mañana. Será nuestro antidepresivo natural!!!


—Si este árbol crece como dicen —comentó María—, entonces no pierdo la fe en mi vida amorosa un poco difícil. Será un símbolo de que el amor también puede florecer.


—¡Oh! —exclamó Shally—. Bajo este árbol mi gato va a ser muy feliz. Mi gato se llama Kigo y ya es Kigo número cuatro. Sin algún gato Kigo no me imagino mi vida.


Entonces Nil se emocionó y dijo:

—Este árbol va a ser tan bonito… Bajo él puedo pasar horas inspirándome para mis cuentos, mis historietas y mis dibujos. Voy a escribir y dibujar para todas las antologías que la editorial Laia, en Buenos Aires, nos ofrezca.

Todos estaban de acuerdo. Todos habían escrito alguna vez para esas antologías. La idea de plantar el árbol de capulín nos emocionaba a todos y también nos inspiraba a escribir y ser creativos y creativas

Mateo dijo que vendría más seguido si pudiéramos encontrarnos bajo ese árbol, incluso en línea.

Elena ya estaba pensando en recetas de mermelada de capulín que podríamos hacer, y tal vez hasta vender, cuando llegara la primera cosecha.

Conchita, que estuvo al principio del grupo y luego dejó de venir, dijo:

—Ay, esos huesos de capulín son casi como piedras… pero piedritas. Tal vez puedo seguir escribiendo pariendo estas piedritas. Además, sabiendo que adentro hay una semilla sabrosa y sana.

Rafael Ontiveros, desde Quito, ya estaba escribiendo un fabuloso poema sobre el árbol de capulín.

Regla María - desde Cuba - se imaginaba muchas escenas muy eróticas que iban a suceder bajo ese árbol.

Itzel soñaba:

—Aquí voy a encontrar el amor de mi vida!!! y nos regaló un poco de su bella risa.

Herdis sacó unos panes que había preparado, los rebanó, les puso aguacate y compartió este manjar con todos.

Entonces alguien dijo:

—Igual podríamos plantar también un árbol de aguacate!?

Y yo me emocioné:

—¡Sí! Vamos a llenar el terreno con árboles frutales. Una vez, en una parte de esta tierra, había árboles de ciruela. Cuando florecían en primavera, al mismo tiempo florecían abajo las azucenas blancas. Fue una de las vistas más hermosas de mi vida!!! Ahora esperaré ver cómo florecen los capulines… y la verdad ni siquiera sé cómo es la flor del aguacate!?


—¡Ay! —dijo TereYolo—. Cuando vayamos allá abajo a ver el árbol de capulín que van a plantar, les voy a contar todas mis aventuras amorosas. No se van a aburrir!

Luisa suspiró:

—Ay… yo no podré ver el árbol. Pero ustedes me lo van a describir. Mi imaginación es fabulosa… y además puedo saborear las frutas o y soy experta en preparar ricos licuados!

Yolanda se emocionó:

—Si puedo estar bajo ese árbol, ahí me voy a curar de todos mis males!!!

Verónica, Ene y yo estábamos muy de acuerdo. MOVERSE no siempre significa tomar un autobús o un aviION o una nave espacial. A veces significa plantar un árbol. Con eso alimentamos al planeta, a nuestra fantasía, a nuestras almas y a nuestras vidas.

Plantamos la semilla.

Alfredo había escogido bien el lugar. La Virgen Desatanudos ayudó. Cayeron las lluvias, vino el sol, llegaron también algunas heladas… y el árbol floreció.

Pronto aparecieron los primeros capulines.

Vero conocía una magia para alejar a las ardillas, porque si no se habrían comido todos los frutos. Decidimos darles una tercera parte. El resto sería para nosotros.

Elena prepararía mermelad y yo haría pastel de capulín.

Justo en ese momento apareció un hombre llamado Jordan, que quería hacer un documental sobre mí. Sabía que me gustan los pasteles y las amigas y amigos. Así que quiso filmar una escena con todos nosotros alrededor de una mesa grande, comiendo pastel y el pan de Herdis con mermelada de capulín, y tomando café. Puse sobre la mesa un mantel antiguo que había bordado mi abuela, una jarra de café también de ella, y unas tazas muy bonitas, como las de antes que se ven en las pinturas de los museos.

Jordan vino con su equipo y filmó esa escena para su documental. Y por encima de todos nosotros se extendía el árbol de capulín, feliz de juntar a tantas personas a un rato de mucho disfrute.


—Tenemos que tomar una foto para mandársela a Laura en Argentina —dijo Ene.


Así lo hicimos. También mandamos una copia a Amalia, que desde hacía tiempo estaba un poco enferma y ya no se conectaba al grupo.


El árbol se volvió el resultado de tantos años de compartir pedacitos de nuestras vidas. Algo había florecido. Algo estaba dando fruto. Y no importaba que el documental de Jordán no floreció. Con fotos y textos inspirábamos a otras personas a unirse al mismo espíritu.


—Siempre lo he dicho —exclamó Shally—: lo que más buscamos es un lugar seguro. Y la amistad y el compartir crean esos espacios. Aquí, bajo este árbol, lo hemos encontrado.


Y era exactamente lo que todos sentíamo y ayudaba al árbol a crecer todavía más.


Hasta Alejandra se unió finalmente para disfrutar unos capulines con el Grupo. Alfredo se tiró después en la tierra bajo el árbol y dijo aquí aguanto todos mis desilusiones que he vivido en la vida. Las acepto y ya no se puso a un lado. Lloró un poco y luego se dio y dijo, — tienes toda la razón Alfredo!!


Y cuando Karol Castiel, un joven muy talentoso pero muy triste, vio la foto de todos nosotros comiendo pastel, tomando café y acostados en el pasto, bajó la copa del árbol, nos escribió que finalmente se iba a conectar. Nos mandó varios de sus exquisitos textos y no perdemos la esperanza que en su momento se conecte.

Seguimos esperándolo.

Y Gabriela García, desde Argentina, nos envió audios con sus textos hablados: puros elogios para nuestro trabajo… y para el árbol al que habíamos ayudado a crecer y que ahora nos consolaba a nuestras penas y dolores de la vida. Y si tú alguna vez estuviste en el grupo y no te mencioné, no tengas pena, vente a unirte con nosotros bajo este precioso árbol, inspirador, lleno de frutos lleno de Capulines!!!!!


Kiki Suárez


Si te interesa el grupo: escríbeme al WhatsApp 52 967 679 1005

 
 
 

Entradas recientes

Ver todo

Comentarios


bottom of page