LA INICIACIĆN
- Kiki Suarez
- hace 24 horas
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MI INICIACIĆN EN CHIAPAS 1977 - Michaela y yo llegamos a San Cristóbal despuĆ©s de sufrir catorce horas en un autobĆŗs de tercera clase desde Oaxaca. TenĆa un dolor de garganta, y peor que eso, una debilitante diarrea. Al salir del autobĆŗs y entrar a la terminal llena, nos dieron la bienvenida muchos vendedores que llamaban para sus hostales. Nos fuimos con el primeroāuna cama por tres dólares americanos la noche! El cuarto era oscuro y frio y se veĆa tan viejo como la ciudad, pero tenĆa dos camas. Nos desplomamos sobre ellas. A la maƱana siguiente, nos fuimos a la Ćŗnica cafeterĆa, justamente en la plaza de la ciudad, el CafĆ© Central. Durante el desayuno, mi amiga se enamoró de un joven mexicano quien nos invitó a su casa durante nuestra estadĆa, e inmediatamente aceptamos felizmente. Este hombre era un artista que trabajaba con madera dura, torneĆ”ndolas en ollas y tazones. Su casa estaba repleta de estos tesoros de madera y todo el santo dia la gente tocaba a su puerta para ver el trabajo mas reciente del dia. TambiĆ©n llegaban para beber tequila y fumar mariguana.
Este artista nos habĆa prometido llevarnos a un pueblo indĆgena. āguauā pensamos. ā un pueblo indĆgena de verdad. Increiblemente emocionante!ā
La cuota diaria de tequila y mariguana, sin embargo, nos llevaba a posponer muchas veces nuestras excursiones. Siempre era maƱana. Finalmente, el maƱana llegó. Los tres zarpamos acompaƱados por Gabriel, amigo y vecino del artista ā el hombre que se convertirĆa en mi esposo. Nos conducimos a la tierra prometida de Chamula.āun pueblo indĆgena maya, a solo seis kilómetros de San Cristobal.
Hoy, Chamula es irreconocible de aquel pueblo que visitĆ© por primera vez en 1977. Ahora hay casas de concreto y tiendas de fotocopias, pero hace treinta aƱos, era aun un pueblo de chozas de adobe con techo de paja. Se veĆa exactamente como me habĆa imaginado un pueblo indĆgena. En su centro habĆa un lugar de mercado grande en frente de una iglesia blanca pequeƱa. Esta iglesia ha mantenido mucho de lo que era en ese entonces. Estaba y todavĆa esta decorada alrededor de la entrada y con ventanas con todos los colores mexicanos posibles. Con el brillante sol de la maƱana, resplandecĆa como una joya preciosaāuna de las que me habrĆa gustado haber escondido en mi bolsillo.
De la brillante luz del dia, entramos a la oscuridad de la nave de la iglesia, alumbrada solamente por cientos de velas por todo el piso. ImaginĆ”ndome el purgatorio por primera vez en mi vida, pensĆ©, āSi eso existe, es asi como se veā.
No hay ni un altar menos un sacerdote que celebre la santa misa. El ultimo sacerdote de la iglesia fue corrido hace dƩcadas, por los chamulas, Desde entonces, ellos mismos han organizado sus rituales y fiestas en la manera en que a ellos mismos les gusta.
Ni siquiera hay bancas. En vez de eso, uno se tiene que quedar parado o sentado en el piso. Los Chamulas consideran un descaro que uno se siente en bancas cómodas en frente de Dios.
Por todas las paredes se ven cajas de madera bellamente elaboradas, con frentes de vidrio y costados. Cada uno de ellos protege a un santo que es cuidadosa y coloridamente vestido en tejidos mayas y decorados con una enorme cantidad de listones de seda. Se me ha dicho que cada santo Católico es considerado paralelamente a un Dios Maya ancestral. Hay un pequeño espejo colgando del cuello de cada santo. Un antropólogo una vez me explicó que el espejo es para recordar el suplicio que en realidad estÔ tomando por sà mismo.
Por detrĆ”s de las filas de velas de muchos diferentes colores, el recital fiel de los oradores que suena mucho como el canto de los monjes tibetanosāmonótono y encantador. Por uno y otro lado de la nave, los brujos realizan sus ceremonias de sanación con manojos de albahaca, coca cola, huevos crudos y, algunas veces, una gallina viva. La iglesia huele intensamente a copal ( una resina comĆŗn quemado como incienso bendito )
Los Chamulas toleran a los turistas porque les quieren vender su arte folklórico, pero no es que les caiga bien. Esto es especialmente cierto cuando los hombres han estado bebiendo pox ( un licor fuerte, caseramente elaborado ). De hecho, pueden volverse claramente hostiles. Muchos de los hombres que rezan en la iglesias estĆ”n borrachos; es una creencia local que uno debe estar borracho para comunicarse con Dios. Un turista que porte una cĆ”mara puede provocar una agresión. Una vez tuve que rescatar un turista mayor francĆ©s de la cĆ”rcel de Chamula. Desconociendo los procedimientos Chamulas, se habĆa comprometido con el pecado mortal de fotografiar el interior de la iglesia. Afortunadamente, el dinero generalmente y rĆ”pidamente limpia este tipo de pecados. El hombre francĆ©s pagó una multa y se le permitió salirāsin su cĆ”mara empero.
Durante aquella primera visita, no bebĆ nada de pox; la escencia embriagadora del copal, por sĆ sola me transportó a una realidad diferente. Ya habĆa visto a las mujeres chamulas usando sus blusas azules y sus faldas gruesas de lana, caminando por las calles de San Cristobal. Tambien sabia de su timidez extrema en torno a los Kashlanes ( no-mayas). Las mujeres evitaban hacer contacto visual cuando les compraba sus productos en el mercado. Pero en ese momento, en el interior de su admirable iglesia, todo parecĆa cambiar. Me veĆa rodeada de cinco mujeres chamulas viĆ©ndome directamente a los ojos con sonrisas juguetonas. SeƱalaban mis pantalones rojos y una y otra vez a cabello pintado de henna, un color tan diferente al negro azulado suyo. Desacostumbrados a los turistas por ese entonces, ignoraban de los muchos colores de cabello que una persona pudiera tener. ReĆan nerviosamente. Yo les correspondĆa con una sonrisa. De pronto, una de ellas, tomó su cubierta gruesa de lana y me la puso en la cabeza. ControlĆ© mi respiración . Acto seguido explotĆ© en Ć©xtasis! Āæ Era esto una ceremonia especialmente para mĆ? ĀæEra esto una iniciación? Āæ QuerĆan darme la bienvenida a este nuevo y fascinante mundo chiapaneco?
Hoy entiendo, que tal vez habĆan bebido pox un poco mas de lo normal, lo que les dio valor, aĆŗn con un fuereƱo pĆcaro. Imagino que dentro de su propia iglesia se sentĆan mucho mas seguros que en San Cristobal, una ciudad no indĆgena. Con sus propias paredes, podĆan juguetear un poco con el turista, que era un misterio para ellos, tanto como ellos a mĆ. Pero, de regreso a ese entonces, en el interior de mi corazón lleno de el brujo de CastaƱeda, interpretĆ© su comportamiento como mi iniciación.
Pocos meses mas tarde me casƩ y me embaracƩ de mi primer hijo.
Desde aquella primera visita, he estado inumerables veces en Chamula. Me parece que se ve como que no hay lugar igual donde se celebren fiestas como las que ellos hacen ahĆ.
La iglesia sigue llamƔndome, pero nunca mƔs he experimentado una convivencia como la que tuve con esas cinco mujeres.
Este es un capĆtulo de mi libro EL VIAJE A SAN CRISTĆBAL, editado por Editora Laia en Buenos Aires, Argentina, una editora sin fines de lucro. Si te interesa, escrĆbeme a mi WhatsApp: 52 967 679 1005 y con gusto te mando el pdf sin costo alguno š š š
Imagen: ANGELES Y NAHUALES alrededor de la Iglesia de Chamula - por Kiki
