UNA VEZ ERA YO
- Kiki Suarez
- hace 49 minutos
- 5 Min. de lectura
UNA VEZ TAMBIÉN FUI VENDEDORA DEL MERCADO - Vine a México, conocí a Gabriel al tercer día en San Cristóbal, me enamoré, me embaracé y me quedé. No hablaba español, me sentí frente a un abismo cultural acentuado por no hablar el idioma.
Me deprimí y Gabriel dijo: ¡Bueno, entonces vamos a Alemania!
Y fuimos.
Era primavera y verano y vivíamos vendiendo artesanía mexicana en los muchos mercados sobre ruedas que existen en Hamburgo. Aparte de verduras, carne, frutas, se vendían quesos y flores y chuchería y media.
Con los tejidos mayas nos fue pésimo. Cambiamos a joyería de Taxco e iba mucho mejor. Gabriel se iba varias veces a Taxco para comprar más: ¡en una maleta cabía un súper montón de joyería de Taxco!
Hay una foto donde estoy sentada detrás de mi mesa de mercado, estoy esperando clientes ya con mi primer hijo, Julián, bastante grande, en mi panza.
Fue una vida dura: levantarse muy temprano para ir y ver si el administrador del mercado nos iba dar un lugar. Siempre había más solicitantes que lugares, porque la mayoría de los lugares ya los tenían los campesinos. Envidia nos daba cada cuando vendíamos plata de Taxco al lado de un campesino que vendía flores: él, en un par de horas, vendía miles de Euros !!! L@s alemanes gastan una fortuna en flores. Nosotros mientras y con suerte tal vez nos habían entrado 200.- Euros.
En verano, cuando amanece a las 4 de la mañana ,es fácil levantarse para estar allí a las 6, pero en invierno cuando amanece a las 8 y hace un frío que quiere romper los huesos, era sumamente difícil. ¡Había que tener un calefactor de gas, un aguardiente y comerse muchas salchichas alemanas que vendían - muy afortunadamente - allí, para aguantar a vender anillos de plata en 8, 10, o 15 grados abajo de cero!! Las personas llevaban guantes puestos y tenían que quitárselos para probar el anillo o quitar la gorra para probar los aretes...
De esto vivimos un año. Conocimos turcos y rumanas y otros latin@s y si: ¡much@s campesin@s aleman@s!
De repente se murió mi abuelo. Hasta hoy es la única persona que he acompañado hasta el momento de la muerte. No había ya oído muy bien, pero en su lecho de muerte entendía todo que murmuramos uno al otro y nos daba señas con las manos. Ya no podía hablar.
Tenía mucha sed y mi mamá y yo le pusimos trapos bañados en agua con hielo en la boca. Los últimos dos días ya no estaba consciente.
Los doctores nos decían: ¡mejor váyanse, el señor ya no percibe nada!
Pero nos había impresionado que nos contestaba con sus manos lo que había obviamente entendido de nuestros murmullos. Yo había apenas leído los libros de Kübler – Ross. Animaba a mi mamá a quedarse conmigo allí. Al último día le dijimos al abuelo: ¡Vamos con la abuela para comer y regresamos!
Regresando se veía más pálido. ¡En esto mi abuelo se sentó y abrió sus ojos muy grandes y nos miró directamente en la cara, dio su última exhalación y cayó atrás y estaba muerto!
Cuando se sentó y nos miró empecé a hablarle como inspirada, ¡palabras dulces y de amor que nunca antes le había dicho!
Mi mamá y yo sentíamos que algo maravilloso estaba ocurriendo. ¡Maravilloso y terrible al mismo tiempo!
Apenas había nacido mi primer hijo. La vida y la muerte se juntaron.
Pocos meses después casi me morí yo por un aborto, mi matríz que se infectó y apenas sobreviví.
¡¡¡Nos tocó el invierno más frío de los últimos 100 años con temperaturas de menos 30!!!
Allí hicimos pausa de vender joyería de México en los mercados sobre ruedas. Nos refugiamos con el pastelero abajo de donde rentábamos un departamento de asistencia social. Tenía los más deliciosas tartaletas con crema batida.....llegó el momento que pensé: ¡Igual va ser más fácil la vida en México!
Mi primer hijo, Julián, era el primer nieto de mis padres y estaban muy enamorados. El día que fuimos para decirles que íbamos regresar a México, no me acuerdo de los detalles, algo adentro de mí no quiere recordarse de los detalles, ¡porque les rompimos su corazón! Me recuerdo que sentí un amor profundamente doloroso por ellos, ¡nunca, me parecía, me había dolido el amor tanto!
Sin este dolor mi padre nunca hubiera viajado a un mundo para él tan exótico como México: el solo hablaba alemán y era muy especial con lo que comía. Pero el nieto logró que mi padre sobrepasara sus límites y una vez en San Cristóbal:¡ se superenamoró en México! Caminaba la ciudad de un lado al otro, luego – ya más débil su corazón – se sentaba horas con los niños indígenas en el zócalo y es platicaba en alemán. Mis padres hasta se construyeron su propia casa aquí y llegaban cada año por 3 meses. Pasé más tiempo real con ellos que mis hermanas que vivian an la misma ciudad con ellos.
Seguía vendiendo en mercados, pero ahora por varios años con amigos en mercados de arte en la calle de ciudades en los EE.UU.: vendíamos mis cuadros. Es algo especial vender en las calles, porque te topas con personas que nunca entrarían a una galería. ¡Llevas el arte a la gente!
Poco a poco empecé a encontrar mi lugar en San Cristóbal. Con mis ojo muy débiles ya no puedo ir ni sola al mercado local a comprar frutas y verduras. Tengo la suerte que hoy personas de muchos caminos diferentes de la vida me buscan en Kikimundo. Hoy esto es mi hogar. Hoy sufro un shock cultural cada cuando regreso a visitar Alemania..
Hace unos años tuve uno de los pocos sueños lúcidos en mi vida. Estaba en un cuarto oscuro con muchas personas. En el sofá estaba sentado mi abuelo, él que compañé a su última exhalación. Ví cada una de sus miles de arrugas. ¿Cómo puede mi memoría ser tan exacta y nítida? Las otras personas no podían ver a mi abuelo, solamente yo y eso me decía que vino del otro mundo a este mi sueño.
¿Viniste a avisarme que voy a morir? pregunté
Mi abuelo decía que si
¿ A veces ves a mi papá? pregunté y él decía que sí, pero todo lo que decía era sin nada de emoción, completamente desapegado.
¿Qué va pasar con mi esposo, si me muero? pregunté
Mi abuelo me acariciaba ligeramente el pelo y con el mismo desapego total me contestó:
¡ No te preocupes, todos van a estar bien!
¡Me desperté en pánico total!
¿ Me parecía muy significativo que la única persona que he acompañado a su momento de muerte, vino en un sueño tan real!
¡ Es solamente un sueño! me trataba de onsolar mi esposo.
Viví con pánico por algunos días. Luego me dije: ¡No puedo vivir así de asustada. Si de veras fue un aviso y moriré ahora, es destino, no hay nada que hacer y mejor me resigno!
Sigo viva. Algún día será verdad el aviso de este sueño. En este entonces solo caí enferma con una gripe fuerte.
Entre Taxco y los mercados sobre ruedas de Hamburgo a Kikimundo con mi arte y espacios para el encuentro humano en la Casa Mazariegos, la casa fundadora de San Cristóbal: ¡ qué aventuras he vivido!
Foto: Kiki 1978
Kikimundo Kiki Suárez




Comentarios