top of page
Buscar

MI VIDA AVENTURERA

  • Foto del escritor: Kiki Suarez
    Kiki Suarez
  • hace 9 horas
  • 2 Min. de lectura

SIEMPRE QUERÍA SALIR de Alemania. ¿A islas desconocidas en el Pacifico Sur, luego planee emigrar a Suecia, luego mejor Irlanda… siempre países nórdicos, no quería exponerme ni al sol ni a hombres latinos machos… ¿tal vez quería correr de la Culpa de Hitler que me pesaba en el alma? ¿o era pura curiosidad por lo exótico? ¿o lo segundo fue resultado de lo primero? No lo sé, pero acabé en México casándome con un hombre latino, viviendo a más de 2 mil m de altura: ¡muy cerca de mucho sol! Aterricé a la antigua ciudad de San Cristóbal de Las Casas, un pequeño pueblo entonces, algo cómo en el Oeste Salvaje, lo sigue siendo, solo que hoy es una ciudad mucho más grande. Me casé, tuve tres hijos y - como no hablaba español y por eso no pude trabajar en mi profesión como psicoterapeuta - de repente me salió lo de ser artista. ¡Gran sorpresa para mí misma! Aprendí que cuando caemos en crisis, podemos nacer como personas nuevas. He llevado mi arte a EE.UU., Suiza y Japón antes de instalarme en mi Kikimundo aquí en la ciudad. Me siento como un pequeño capitulito en una historia algo larga, porque Kikimundo y nuestro otro negocio – Restaurante El Santo Nahual - se encuentran en la casa fundadora de la ciudad que en 2028 cumplirá 500 años. ¡A ver si vivo para eso! Hemos pasado muchas crisis sociales y de la naturaleza aquí. Trabajamos intensamente para apoyar a las decenas de miles de refugiad@s guatemaltec@s que vinieron en principios de los años 80 del siglo pasado a Chiapas, huyendo de las masacres en sus aldeas. Cofundamos una escuela (LA ESCUELA DEL PEQUEÑO SOL), nos cayeron las cenizas de la explosión del Volcán Chichonal en 1982 y nos dejaron incomunicados por semanas. Otras veces huracanes nos separaron por ratos del resto del mundo. Pasamos aquí la Rebelión Zapatista y en el mero principio temíamos haber perdido todo. Sobrevivimos el Gran Terremoto del 7 de septiembre de 2017 y hasta ahora la Pandemia del Coronavirus. Trato de adaptarme a mi creciente discapacidad visual por Retinitis Pigmentosa, una enfermedad hereditaria con la que nací, incurable. Subo y bajo de ánimo. Muchas cosas ya no puedo o quiero hacer: como caminar en el bosque, ir de shopping o ir sola a la tiendita de la esquina. Baches y escalones parecen querer cazarme cómo si fueran depredadores, o así lo percibo. Pero: cada día pinto, leo, escribo, pienso y organizo lo que puedo, porque estoy híperconciente del hecho de que igual mañana ya no veo, ¡igual mañana ya ando muerta! Vuelo con 1001 ideas, ya me instalé en una kikicasita dentro de mi celular y las redes sociales que me acobijan allí. Otras veces solo quiero esconderme bajo mis sabanas, llorar y nunca jamás salir al mundo…Cada día observo cómo mi viejo cuerpo – pronto cumpliré 71 años – me pesa un poco más y como mi mente parece un poco más clara….


 
 
 

Entradas recientes

Ver todo

Comentarios


bottom of page