MI CABEZA ESTA LLENA
- Kiki Suarez
- 19 feb
- 3 Min. de lectura
MI CABEZA ESTÁ LLENA DE COLORES - Hace muchísimos años, una mujer estadounidense llamada Catherine Friend escribió un cuento para niñas titulado My Head Is Full of Colors - MI CABEZA ESTA LLENA DE COLORES. Me pidió que ilustrara el libro.
Es una historia muy bonita sobre todo lo que habita en nuestra cabeza, la cabeza de una niña, cómo podemos escoger en qué pensar y cómo comportarnos para tener una vida buena y amorosa.
El libro nunca fue un gran éxito, y mi carrera en los Estados Unidos terminó años después.
Tal vez veinte años más tarde me escribió otra estadounidense, Judy Wray, un poco mayor que yo, que vivía en Tepoztlán. Creo que conoció la historia porque yo la había publicado en mi - entonces - blog.
Judy es artista y ha dedicado muchos años de su vida a promover el arte. En Tepoztlán continuó esa labor. Me pidió permiso para pintar, con voluntarios, imágenes mías en los muros del pueblo, y reproducieron también obras de otros artistas, todo con su propio dinero. Mandó hacer azulejos para embellecer paredes. Era algo muy parecido a mi propio proyecto de este entonces de EMBELLECER EL MUNDO, cuando mi amigo, el pintor Manuel Cantoral, pintaba imágenes mías en muros de escuelas y casas privadas, hace ya unos años.
En ese tiempo, Judy vino a San Cristóbal. Mandó imprimir en lonas los dibujos en blanco y negro que yo había hecho para el libro de Catherine Friend. Con amigos había traducido la historia al español y había pagado la impresión de libros para colorear, todo sin fines de lucro. Todo era para regalarlo a niñas y niños de por donde ella vivía y andaba.
Una tarde, en una plazuela de San Cristóbal, invitamos al público a venir y, con pinturas acrílicas, llenar de color esas grandes lonas. Fue una gran fiesta. Judy compró pizza y refrescos para todos. regaló libros de colorear y colores y me acuerdo de que había señoras ya grandes, que nos decían que nunca en su vida antes habían coloreado nada.
Con Judy aprendí que existen personas que regalan su talento y su generosidad al mundo simplemente porque sienten felicidad y disfrutan la belleza.
Últimamente volvimos a tener contacto, Judy y yo. Las lonas pintadas las ha llevado al Zócalo de Tepoztlán y a muchas escuelas. Hoy me llamó. Me dijo que su esposo está por cumplir cien años y que, aunque quizá no hoy ni en un año, eventualmente ella morirá. Sufre de Parkinson,
Ahora se pregunta ¿qué pasará con todo ese arte que fue creado para compartirse?
Quiere traerme todo, para que siga alegrando a niñas y niños —y a personas de cualquier edad— aquí en San Cristóbal. Quiere venir en taxi, con un amigo taxista, y traer a su esposo de casi cien años, a esa excursión.
Por el Parkinson pintar con su mano se ha vuelto más difícil. Sin embargo, aunque casi no habla español, siempre la veo rodeada de voluntarios y de personas que la quieren muchísimo, a ella y a su esposo, y les ayudan y los apoyan. El placer más grande de su esposo es dar vueltas con su moto por Tepoztlán.
Estoy esperando ese arte, a Judy y a su esposo, en algún momento de este año. Ahora ella lucha con las limitaciones de su Parkinson, con su computadora, con un nuevo equipo para escuchar música clásica, con su nueva máquina de café para disfrutar sus capuchinos. Y me habla de lo maravillosas que son las flores y el jardín donde viven en Tepoztlán.
Creo que es la persona más alegre y positiva que he conocido.
¡Creo que todos necesitamos clases con Judy!
Y tal vez Catherine Friend no ganó mucho dinero con su libro, pero aquí, en México, su preciosa historia y los dibujos que pude hacer siguen vibrando y alegrando a muchas personas.




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