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MI LLEGADA A MEXICOMUNDO EN 1977

  • Foto del escritor: Kiki Suarez
    Kiki Suarez
  • 8 ene
  • 5 Min. de lectura

CUCARACHAS, RATONES Y LA LIBERTAD: Luego llegamos a San Blas. El calor no me dejaba. Era difícil dormir. Dormimos en un hotelito que una vez había sido un consulado alemán allí. Bonitos jardines, sencillo, bueno: por 5 dólares al día. Comprábamos leche y pan dulce para cenar y desayunar. ¡Qué bueno que en México había tan buen pan dulce! También había cucarachas y eran enormes. ¡Yo nunca había visto una cucaracha en mi vida! Las escuchaba caminar por el piso toda la noche, solo esperaba que no iban a subirse a la cama y parece que nunca subieron o si lo hacían no me di cuenta. ¡En la noche escuchábamos gente riendo abajo en un bar, cantaban gallos toda la noche – hasta entonces había pensado que solo cantaban para anunciar la mañana! Un millón de gecos echaban sus besos al aire y muchos más grillos cantaban, un planeta de nuevos sonidos para mí. Y había otros invitados: ¡una mañana encontramos la mesita con el pan dulce para desayunar bañada en leche, leche en las sillitas, en el piso! ¿Qué había pasado? Los ratones habían subido y abierto un hoyito en la leche y esta se había regado por todos lados! Decidimos gastar unos pesos para desayunar el en restaurante del hotelito. ¡Allí conocimos un joven alemán que nos platicaba que cuando bajó del autobús, había descubierto que habían robado todo su equipaje! Pero no lo vi nada triste o enojado. Bueno, había tenido sus cheques de viajero con él. Me fui al mercado, nos explicó, y me compré una bolsa de estos de plástico que las mujeres usan, un pantalón de manta y dos camisetas y mis chanclas y saben: ¡Nunca antes me he sentido tan libre! Bueno: tenía su boleto de regreso a Alemania y su trabajo allá. ¡Saliendo del desayuno y yendo a la playa un joven se nos acercó, se hincó frente a Michaela y con nuestro poco español entendimos que – nuevamente – le pidió matrimonio! ¿Qué era eso? ¡Debo decir que Michaela con su bello pelo güero y largo y sus ojos azules grandes se parece a una virgen y varios se la querían llevar a su casa para quitarle lo de virgen! Si hubiéramos venido a México para buscar hombre (algo que después se comprobó cómo verdad para mí) Michaela hubiera tenido el éxito más imaginable. Pero no cayó, los calmaba con su voz tan amable y suave y se iban un poco tristes pero contentos porque habían intentado. Luego ella se casó con un sudafricano negro y se fue a vivir a Ciudad de Cabo. ¡Cómo nos encontramos o no en la vida! - LA SIERRA TARAHUMARA, UN MALENTENDIDO CON 2 MACHOS Y EL PRIMER ATARDECER EN EL PACÍFICO: : ¡Después de nuestra primera noche en un hotelito barato en Chihuahua – viajábamos en México por 5 dólares al día, todo incluido, hasta teníamos un libro guía con este título MEXICO FOR 5 DOLLARS a DAY – y compramos boletos para irnos con el famoso tren por la Sierra Tarahumara hasta Los Mochis en la costa del Pacifico! ¡Qué viaje era éste! Desde hace entonces he querido volver a hacerlo, pero no lo he hecho y ya no sé – entre mi ceguera y Covid – si habrá una chance todavía. ¡Un tren donde aparte de turistas había personas de un pueblo que viajaban a otro con todo y sus gallinas! Esto nunca lo había visto en Alemania. Hippies que vivían de por allí – o tal vez me equivoqué y eran Menonitas? - subían al tren y nos ofrecían sus productos: pan, y queso, es cuando por primera vez comí el raro queso de Oaxaca que viene como en hilos. Subimos y subimos y el calor se suavizó y pude respirar. Como las montañas en todo el mundo en algo se parecen: me sentí en los Alpes de Suiza o Bavaria. Subimos hasta donde había nieve y hielo y vi algunos niños Tarahumaras casi desnud@s en la nieve mirándonos. Yo realmente nunca antes había visto pobreza. En el famoso pueblo Creel ya las mujeres Tarahumaras en sus ropas alegres y coloridas se nos acercaban, cuando el tren paró, a vendernos sus artesanías. Me hubiera encantado quedarme unos días en Creel, pero nos dijeron que allí no había ningún banco. No habíamos podido imaginar un pueblo sin banco. Nosotras solo traíamos cheques de viajeros y sin banco era imposible cambiarlos en pesos que hubiéramos necesitado para quedarnos en Creel. Hasta hoy me duele que no pudimos quedarnos. De repente el tren se paró. Una roca enorme había caído a las vías y para removerla pasaron 6 joras. Durante este tiempo y para el resto del viaje Michaela y yo con nuestras 50 palabras de español y un señor en sus cincuentas con su sobrino de nuestra edad nos habíamos hecho amigos. Ellos sabían cómo 50 palabras en inglés. Platicamos. Me acuerdo que Michaela y yo cantamos canciones alemanas. Muy alegre el asunto. Tod@s a nuestro alrededor se reían. Llegando a Los Mochis por la noche. nuevamente el calor me envolvió. El tío del sobrino dijo que conocía un buen hotelito. ¡Una vez allí, llegó el momento – que entonces me pareció catastrófico - que, de repente, Michaela se encontraba en un cuarto con el joven y yo con el tío!! ¡Grité NOOOOO!, agarré mi mochila y corrí. Lo mismo hizo Michaela y nos encontramos en la recepción pidiendo un tercer cuarto. Solo escuché el tío gritar: ¡No hay problema! Una frase que iba escuchar una infinidad de veces más hasta hoy y casi siempre que alguien la pronuncia, me parece, si: ¡hay un problema! El joven no dejaba de llamar a Michaela toda la noche y pidiéndole su amor, hasta prometiéndole matrimonio. Hoy sé que caímos en la trampa del abismo cultural. Machismo en un lado y la creencia que dos mujeres de 26 que viajan solas, solo viajan ´para encontrar hombre y nosotras de otro mundo donde si habíamos conocido la amistad entre hombres y mujeres donde el sexo no jugaba un papel. Esta noche, nuestra segunda en México, casi no dormimos. La otra mañana fuimos temblando al desayuno, temíamos otro acoso, pero los dos hombres ya no estaban y si: ¡nos habían pagado nuestro cuarto! Caminamos por las calles de Los Mochis y todos los hombres que vi parecían de una película de vaqueros hollywoodense y amenazantes. Tomamos el autobús a Topolabampo donde nos hicimos amigas de una pareja joven de turistas mexicanos, ella estaba embarazada. Pasamos el día juntos y él era tan dulce con ella que recobré una cierta fe en los hombres. Topolabampo me parecía sucio, caótico, lleno de pequeñas casas pobres y muchas televisiones, nunca, me parecía, había visto tantas televisiones! Pero todo cambió cuando el atardecer del pacifico coloreó a todo y todos en su oro muy especial – algo que hoy sigo admirando en la costa de Chiapas – y el mundo se embelleció mágicamente por unos minutos.


Este es un capítulo de mi libro EL VIAJE A SAN CRISTÓBAL, editado por Editora Laia en Buenos Aires, Argentina, una editora sin fines de lucro. Si te interesa, escríbeme a mi WhatsApp: 52 967 679 1005 y con gusto te mando el pdf sin costo alguno 🙂 🙂 :)

 
 
 

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