YO: SIEMPRE UN POCO CHUECA
- Kiki Suarez
- hace 3 días
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YO: siempre un poco chueca, pero observandooo Otro día cualquiera (o eso parece) - En mi grupo de filosofía hablamos sobre la suerte, el sorteo, los dados de la vida. El destino. También tocamos el tema de la numerología: esos números misteriosos que, según algunos, pueden incluso curarnos. Mencionamos el 11:11.
Recordé a mi amiga Gayle Walker. Antes de saber que tenía un tumor cerebral hizo una exposición de arte maravillosa titulada 11:11. A raíz de eso, me metí a internet y descubrí todo un universo en torno al 11:11. Se supone que es un portal… ¿a otras dimensiones? No lo sé. Pero desde entonces, muchas veces veo ese número a mi alrededor: en anuncios, relojes, letreros. Me impresiona que, al revisar la hora en mi celular, con frecuencia sean las 11:11 de la mañana o de la noche, o la 1:11, o las 11:01. No siento otras dimensiones, pero siempre me hace pensar en mi amiga, que murió hace ya 19 años, en mayo y este recordatorio me agrada. - Anoche me desperté a la 1:11. Afuera rugía una tormenta tremenda. Aquí, cerca del mar, las olas hacían más ruido que nunca. Viento, truenos, rayos… incluso con mis ojos casi ciegos pude ver los relámpagos. Aun así, volví a dormirme, y desperté justo cuando se fue la luz. Probablemente, por un rayo. Me dije: “Ya viene el calor”. Se apagaron el ventilador, el aire acondicionado… y pude sentir, o imaginar que sentía, cómo el calor iba apoderándose del espacio. Pensé: ¿Podré dormir sin el aire acondicionado??? Sin luz no podré bañarme por la mañana —no funcionara la bomba de agua—, ni tomar café, ni usar la estufa. Me invadieron fantasías terriblemente incomodos. Todo eso nos ha pasado. …Y de pronto… regresó la luz!!!! Sentí de nuevo el aire fresco, el zumbido del ventilador. La tormenta se alejaba. Dormí. - En la mañana, todo estaba mojado en la terraza, pero había nubes, no tanto sol, lo que mis ojos agradecen. Publiqué una foto de uno de mis dibujos. Es mi nuevo plan: publicar un dibujo y dejar que se me ocurra una pequeña historia para acompañar a la imagen. Kikiimágenes y Kikicuentos, hasta donde pueda.
Me doy cuenta de que hoy es el aniversario de la muerte de mi padre. Publico algo sobre él. Mis dos hermanas en Hamburgo me escriben. Las tres recordamos la bondad y belleza de nuestro padre.
Desayuno granola con leche y mango. Me pongo un nuevo traje de baño que me compró mi esposo. Me queda bien. Por un momento pienso: Está un poco bonita la viejita que soy!!! Me siento un poco nueva con el traje nuevo mientras que bajamos las escaleras hacia la alberca. - Bajamos a las hamacas. La mía está empapada. La otra, milagrosamente seca. Espero oír los perritos que escuché ayer, pero no hay ni perra ni los soniditos de sus perritos, Lpaloma que vi desde el primer día, en la escalera de caracol del departamento vecino, sigue ahí. Como estatua. Mi esposo pregunta cuántos días empolla una paloma. Consulto a la inteligencia artificial: 17 a 19 días. Ella sigue ahí, muy visible. Nunca la veo comer, ni moverse, ni que venga un palomo a ayudarla. Tal vez ocurre cuando no estoy mirando. Siento compasión por esa mamá paloma. Desde hace pocos días escucho el canto de otro pájaro. Suena como un canario. Me recuerda a Kiki, el canario que me acompañó durante mi niñez. ¿Será una golondrina? No sé. No sé mucho de aves….Tengo la piscina para mí sola. Es un carril infinito en un lado, y al fondo se ve el mar. Nado de un lado al otro. Todo es calma. Sólo el rugido de las olas. Pero de repente… un ruido terrible!!!!!Alguien perfora un muro en algún departamento. El ruido me hace sufrir. Me enojo. Recuerdo lo que una vez leí: un maestro y su discípulo hicieron un retiro en Nueva York, justo al lado de una discoteca. El discípulo se desesperaba?con el terrible escándalos de la discoteca, pero el maestro le dijo: “Se puede meditar en cualquier lugar”. Otro maestro contó que hizo un retiro en Buenos Aires, junto a la pista de despegue del aeropuerto. “Me adapto”, dijo. No sé cómo lo lograron, pero esas historias llegan a mi mente. Y noto que cuando la perforadora se detiene, la calma se siente más profunda. Y cuando vuelve el ruido, sufro un poco menos. Al rato, quien sea que taladraba se cansa o termina, y todo regresa a olas, mar y paz. Lo disfruto más. No hubo catástrofe. No necesitaba enojarme por un ruido que no iba a durar para siempre.
Vuelvo a mi hamaca. Llamo a mi hermana en Hamburgo. A u dia se encuentra 8 horas más tarde que el mío , me contesta: “Kiki, estoy en un desastre. Estoy en la estación central de trenes en Hamburgo . Una mujer aqui acaba a apuñalar a seis personas. Algunos están en peligro de muerte. Todo está lleno de policías, detectives, ambulancias… caos.” No podemos hablar mas. - Regreso a mi hamaca. No hay taladro. No hay perritos. Están las palomas. El canto del pajarito. Yo. Y mi observación del día. - De veras… no sabemos qué pasa en el siguiente momento. No sólo no sé qué ruido va a llegar, tampoco qué pensamiento aparecerá, ni qué emoción traerá consigo. ¡Qué viaje increíble es esta vida! Sólo observando… un día normal. Un día de vacaciones. No deberíamos aburrirnos nunca!!!!




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