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CINE MAXINE

  • Foto del escritor: Kiki Suarez
    Kiki Suarez
  • hace 13 horas
  • 2 Min. de lectura

CINE MAXINE

Hoy puedes ver cine en una infinidad de plataforma en tu televisión, en tu computadora e, incluso, en tu celular. Pero en mi primer tiempo en San Cristóbal había solo dos cines con películas de bastante mala calidad y, además, llenos de pulgas que, después, te llevabas del cine a tu casa.

Nuestras amigas neoyorquinas eran cultas, y con ellas conocimos a otras personas aficionadas al arte. Nos hicimos amigas de Esther y Maxine. Maxine murió poco después de un cáncer que había adquirido décadas antes. Un día nos sugirió:

—¿Por qué no abren una sala de cine de arte en La Galería?

Averigüé cómo rentar películas, todavía en rollos de celulosa, y abrimos nuestra sala de cine. Para honrar a nuestra amiga, la llamamos Cine Maxine. Una de las primeras películas que proyectamos fue Solaris de Tarkovski, en ruso con subtítulos en español. ¡Toda una gran emoción y experiencia!

Marcey nos hablaba, con muchísimo entusiasmo, de una película que había visto por una infinidad de veces veces: una producción de los años 40 llamada The Medium - El medio - , una especie de ópera o musical, sobre un espíritu, como Rufino, que Marcey y Janet, supuestamente, encontraban en sus sesiones de la Quija.

La buscamos por todos lados hasta que, un día, alguien consiguió una copia. Planeamos una sesión especial para verla con Marcey e invitamos a medio mundo. Todos estábamos súper curiosos.

Cuando comenzó el drama, con sus voces intensas y distorsionadas – probablemente por los muchos años que el sonido de la pelí ya tenía - los y las cantantes con tonos de voces demasiado agudos… no pude aguantar mucho. Pero me forcé a seguir viendo, más que nada, por Marcey. Finalmente, cuando terminó la tan buscada película, me sentí mareada y casi con náuseas en el Cine Maxine.

Casi de inmediato, nuestra amiga, Christel, me confesó que también se había obligado a quedarse hasta el final, sólo por Marcey.

Encendí la luz y abrí la puerta. En ese momento, Marcey nos miró y exclamó:

—Esta fue mi película favorita por muchos años; podía cantar casi todas las canciones… ¡pero hoy me pareció absolutamente horrible! ¡Solo me quedé hasta el final por ustedes!

Y, todas las caras, algo pálidas, que vi en el cuartito del cine rompieron en gran risa…..

Este es un capítulo de mi libro EL VIAJE A SAN CRISTÓBAL, editado por Editora Laia en Buenos Aires, Argentina, una editora sin fines de lucro. Si te interesa, escríbeme a mi WhatsApp: 52 967 679 1005 y con gusto te mando el pdf sin costo alguno 🙂 🙂 🙂


Foto: Marcey Jacobson y yo, tal vez hace 30 años 🙂


 
 
 

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