top of page
Buscar

TORMENTAS Y MILAGROS

  • Foto del escritor: Kiki Suarez
    Kiki Suarez
  • hace 2 días
  • 3 Min. de lectura

Acaba de haber una enorme tormenta de nieve en gran parte de los Estados Unidos. Esto me recuerda una muy grande que hubo en Alemania cuando yo tenía 22 años. Todo el Autobahn, a lo largo de unos 800 kilómetros, desde Múnich hasta Hamburgo, quedó cubierto de nieve y miles de coches quedaron detenidos.

La Cruz Roja tenía que salir en camiones a llevar sopa caliente y cobijas a las personas atrapadas. Mi novio de entonces estaba en uno de esos coches, junto con una amiga de una amiga, y fue ahí donde me fue infiel. Con aquella tremenda tormenta no murió nadie, gracias a Dios, pero sí murió nuestro amor.

Años después, ya viviendo con mi esposo, atravesamos otra gran tormenta de nieve en Hamburgo, en el invierno de 1978. Las temperaturas bajaron hasta los –30 °C. Solo teníamos calefacción en la sala. Había que subir el carbón desde el sótano, y en los otros cuartos el frío pintaba Flores de hielo en las ventanas. Eran muy bellas, pero el frío era tremendo.

Todavía existían las llaves que había que meter en la cerradura del coche para abrirlo, y muchas estaban completamente llenas de hielo. Entonces algunas personas abrían la boca y, con su aliento, intentaban derretir el hielo para poder meter la llave. Se acercaban demasiado y la boca, los labios, se les quedaban pegados al metal helado.

Era terrible. Terrible y muy doloroso: lograr sacarlos de ahí con los labios ensangrentados. Afortunadamente no paso a nosotros, nos cuidamos bien. Había que ponerse muchísima ropa para sobrevivir. Nosotros nos salvamos porque, abajo de nuestro edificio, en la esquina, había una pastelería. Un pastelero con pasteles deliciosos. Ahí pasamos esos días comiendo pastel con crema batida. Gaste que ya no cupimos dentro de nuestra ropa!!!!! :) Después de ese invierno decidimos regresar a vivir a México.

Unos 10 años más tarde yo ya era artista y cada noviembre viajaba a Minnesota en los Estados Unidos para exponer y vender mis cuadritos. Después de las exposiciones, con mis amigos que organizaban todo, íbamos siempre unos días al Lago Superior, en el norte de Minnesota. En uno de esos viajes era Día de Acción de Gracias, el último jueves de noviembre. De repente nos cayó una tormenta de nieve. Mi amigo, sentado a mi lado, manejaba y manejaba. Yo solo veía blanco.

Le pregunte:

—Larry, ¿cómo sabes dónde está la carretera?


Y me contestó, casi histérico:

—Kiki, ya no sé dónde está la carretera!!!!


Por un momento pensamos que tendríamos que quedarnos toda la noche ahí, atorados. _Nos entro algo de pánico. No teníamos velas —una vela encendida puede dar el calor justo para no morirte de frío— y tampoco teníamos cobijas, solo nuestras chamarras. QUE ÍBAMOS HACER? nevaba y nevaba más. Era un tiempo que todavía no había teléfonos celulares y aún con un Celular no podríamos pedir Ayuda, o tal vez podríamos pedir ayuda, pero era difícil que llegara pronto.

Entonces ocurrió un milagro. Vimos un camino que llevaba a un hotel. En esas enormes distancias no hay casas ni hoteles por largos tiempos, pero justo aquí había uno y logramos llegar. Todavía tenían un cuarto donde dormir y aún quedaba un poco de la cena del Día de Acción de Gracias.

Todo un milagro que se me olvidó escribir para la antología de milagros, pero aquí lo escribo ahora.


 
 
 

Comentarios


bottom of page